La inseguridad generada por la presencia de la violencia y la delincuencia no es un problema
reciente en la sociedad peruana. Durante la década pasada el Perú sufrió los efectos de un
fenómeno subversivo muy violento, que dio como resultado cerca de 30,000 muertos y unos
25 mil millones de dólares en pérdidas materiales.
Cuando en 1992 fue capturado el líder de Sendero Luminoso, Abimael Guzmán,
dando inicio a la rápida derrota de la principal organización terrorista peruana, todo hacía
suponer que el delicado escenario anterior había sido por fin superado.
Sin embargo, la disminución de la violencia política a niveles inocuos para la
seguridad nacional permitió ver con mayor claridad un fenómeno que venía desarrollándose
desde años atrás: la violencia delincuencial.
Esto planteó nuevos retos a la política de seguridad del país. Los daños que
produce la delincuencia son elevados para el tamaño de la economía peruana y, por otro
lado, generan un clima de desconfianza muy perjudicial para la organización social.
Además, a diferencia de lo que ocurrió con la subversión, esta vez no se tenía al
frente un problema cuyas características podían ser definidas sin dificultad. La delincuencia
común es un fenómeno muy complejo que no responde a criterios organizacionales ni a
estrategias puntuales.
Pero, el panorama de la inseguridad en Perú tiene otros factores importantes en su
composición. El narcotráfico es uno de ellos. Durante la presente década esta actividad
ilícita viene postrando una suerte de “reconversión”, exigida por las variaciones de los
precios internacionales de los estupefacientes y las políticas de interdicción llevadas a cabo
en la región latinoamericana.
Los resultados, hasta el momento, han sido la reducción de las áreas de cultivo de
coca y, por otro lado, que el Perú deje de ser un exclusivo productor de materia prima para
pasar a ser productor final, es decir, de clorhidrato de cocaína.
Una de las consecuencias de estos cambios en el “negocio”de las drogas es el
explosivo aumento del consumo interno de estas sustancias, especialmente en el mercado
urbano.
PONDERACIÓN DE LA GRAVEDAD DE LOS DELITOS
Variable delictiva Peso
Delitos contra la vida,el cuerpo y la salud 0.3
Delitos contra el patrimonio 0.2
Violaciones de DD.HH. 0.2
Narcotráfico 0.1
Terrorismo 0.08
Accidentes de tránsito 0.05
Consumo de drogas 0.05
Amenazas de otros Estados 0.02
Reflexiones finales
Los comportamientos agresivos pueden ser aprendidos desde muy temprano y asimilados no
como una transgresión sino como actitudes habituales. Niños abandonados o pasando una
gran parte del día en las calles están aún más expuestos a estos contextos de socialización
negativa.


No hay comentarios:
Publicar un comentario